GUERRILLA Y NARCOTRÄFICO
EN COLOMBIA
OCTUBRE 29 –11.6
ACTIVIDAD
Después de que la monitora les
dicte el tema, deben realizar la siguiente actividad, cada una en su cuaderno y
ENTREGÁRSELO A LA MONITORA, QUIEN DEBERÁ ENTREGARLO EN LA SALA A LA PROFESORA
FABIOLA.
1.
Realizar un grafiti, donde se represente el
contenido del texto.
2.
Elaborar un escrito donde muestres la relación;
guerrilla, narcotráfico y proceso de paz, (este último tema lo tenían como
consulta para hoy).
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Uno de los
fenómenos surgidos a raíz de los procesos de globalización y que afecta a la
economía, la política y seguridad nacionales e internacionales y a la sociedad
en general es el narcotráfico, industria que ha aumentado considerablemente en
América Latina a partir de los años setenta.
En Colombia, el
narcotráfico ha logrado insertarse de forma relativamente exitosa en las
esferas política y económica. En el primer caso, gracias a la formación de redes de apoyo social, militar
y político que le han permitido funcionalizar las estructuras jurídico-
políticas de acuerdo a sus necesidades; y en el segundo, gracias a una especial
adaptación de las políticas de crecimiento orientado a la exportación, que
hacen del narcotráfico una empresa perfilada a la demanda y la internacionalización, con una división del
trabajo muy estricta entre diferentes localizaciones, capaz de ajustarse a las dinámicas de la economía global.
1. Narcotráfico
y grupos armados
Es una opinión compartida que el
negocio de las drogas ilegales financia de forma importante a las FARC y las Autodefensas y en menor medida al ELN,
situación que ha permitido el mantenimiento de sus fuerzas y por lo mismo,
agravado las condiciones del conflicto armado. No obstante, en lo que existen
serias divergencias, es en la proporción reconocida a la economía del
narcotráfico en cada caso. Así, es posible encontrar informes que parecen
exagerar las cifras de financiamiento proveniente de las drogas, dramatizando
hasta tal punto el papel jugado por este, que logran desplazar la dimensión originalmente política
del conflicto por una reducida percepción narcotizada. De esta suerte, se ha desconocido la
complejidad de una lucha desarrollada por mas de cuatro décadas en aras del
nuevo postulado de la amenaza narcoterrorista, cuyos efectos políticos ya
conocemos.
A continuación daremos una breve
mirada a los nexos entre grupos armados y narcotráfico, los cuales, como se
verá, responden a un sistema de alianzas coyunturales que han transformado su
relación de una conexión marginal con las organizaciones narcotraficantes al
dominio actual de varias etapas de la producción.
1.3. Las Autodefensas
Las relaciones entre Autodefensas y
narcotráfico surten un proceso inverso al producido con los guerrillas. Vimos
en 1.1. cómo las guerrillas llegaron paulatinamente al negocio del
narcotráfico, llegando incluso a contradecir sus premisas ideológicas
originales. Las autodefensas en cambio, tienen desde sus inicios un lazo
indisociable con las organizaciones de narcotraficantes en la década del 80 y
comienzos de los noventa y solo hasta ahora, tras convertirse en una federación
nacional de bloques armados y con motivo
del actual proceso de desmovilización, buscan adquirir un estatus político.
En efecto, los paramilitares deben su
origen a los carteles de la droga y su expansión al combate contra la guerrilla
por el dominio de las regiones cocaleras. Desde 1996, este proceso se ha
intensificado, incrementando los niveles de violencia y desplazamiento en las
zonas de enfrentamiento. Para el año 2000, según informes del Ministerio de
defensa, siete bloques de las AUC operaban en regiones de cultivos de coca y
amapola[1]. Naciones Unidas
por su parte, calcula que la presencia paramilitar llega a 86 de los 162 municipios donde se cultiva
coca, ubicando frentes en el Magdalena medio, Santa Marta, la región sur de
Bolívar, el valle del Cauca, el norte de Antioquia, la región de Urabá, Nariño,
el noroccidente del Putumayo, el suroccidente de Caquetá, Meta y Guaviare,
regiones estas ultimas, en disputa con los grupos guerrilleros.
Pese a lo extraordinario de su
expansión, la extensión de las zonas de cultivos de las autodefensas no es tan
grande como la de las FARC. Sin embargo, diversos estudios parecen comprobar
que la participación de las AUC en el negocio de la droga es mucho más
profunda. Esto se evidencia, en la participación de unidades paramilitares en
el control de rutas claves para el transporte de cocaína hacia el exterior,
precursores químicos y armas. Del mismo modo, los paramilitares aparecen
vinculados con laboratorios de refinamiento y con decomisos de cocaína. En un
informe de la DEA del año 2001 se afirmo que “la organización de Carlos Castaño
(y posiblemente otros grupos paramilitares) parecen estar directamente
involucrados en el procesamiento de cocaína”. Pero sin lugar dudas, mas
concluyente en este sentido es la declaración efectuada por Carlos Castaño el 9
de junio de 2002 en la que acusó a dos jefes del bloque central Bolívar, Javier
Montañez y Ernesto Báez, así como a otros jefes paramilitares de “involucrarse
irresponsablemente en el negocio del narcotráfico”
En febrero de 2004, el embajador de
Estados Unidos en Colombia, William, Word, afirmó que las AUC controlaban el
40% del tráfico ilegal de drogas en Colombia. Lo anterior se compadece con la
solicitud en extradición de los Estados Unidos de cinco altos jefes de las
autodefensas (Mancuso, Fidel Castaño, Jorge 40, Ramiro Vanoy y Juan Carlos
Sierra) y la introducción de doce paramilitares
en la lista Tier II de
narcotraficantes extranjeros. Como en el caso de las FARC, el nexo con el
narcotráfico es evidente. Mas adelante veremos cómo, en la actual negociación
con las AUC, se busca mimetizar este lazo con el narcotráfico con los ropajes
de un estatus político.
Según el Internacional Crisis Group, las AUC parecen desempeñar un papel más
importante en las etapas más lucrativas del refinamiento y la exportación de
droga, por lo que percibe mayores ganancias. De allí que se presente una suerte
de contradicción el hecho de que sus ingresos se presente en numerosos informes
como bastante inferiores a los de las FARC, siendo que esta organización se
mueve menos en el trafico internacional y depende más de los primeros eslabones
de la cadena productiva, que, coincidencialmente son los menos lucrativos.
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